La Costa da Morte se extiende en el noroeste peninsular, comprendiendo los municipios costeros de Cabana, Laxe, Camariñas, Muxía, Cee, Fisterra, Corcubión, Carnota; los municipios de Dumbría y Vimianzo, con salida al mar; y los municipios interiores de Mazaricos y Zas. Es una tierra de leyendas acerca de ciudades sepultadas, de curanderos que obran milagros, de supersticiones y grandes devociones.
Es un país salpicado de iglesias románicas, pazos, castillos y monumentos megalíticos rodeados de una naturaleza generosa. Es el confín de Europa, donde el mar golpea un paisaje de acantilados abruptos, islotes y peñascos inmensos que sirven de protección natural a una tierra codiciada por su riqueza y saqueada, a lo largo de los siglos, por vikingos, piratas, escuadras inglesa y francesa... escenario de naufragios y hundimientos, en una tierra que, sobre todo, es símbolo de vida.
Es, sobre todo, una tierra poblada desde la antigüedad por gente esforzada y generosa que ha sabido extraer lo mejor que una naturaleza exigente le daba y ha desarrollado una cultura, en torno a ella, que le hace vivir con intensidad un tiempo que se desgrana lentamente.
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